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| Hombres sin temor al cambio |
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| Escrito por Julián Fernández de Quero | ||||||
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-VALMONT: Me siento horrible. De entrada, quiero advertir que mi aportación es un alegato en contra del Poder, en cualquiera de sus manifestaciones: Vamos a reflexionar acerca del Poder, de sus nefastas consecuencias y de las alternativas de cambio en positivo que convierta en una referencia obsoleta la cita que encabeza esta ponencia. Pero, antes, vamos a desmontar un mito muy extendido y utilizado por el Poder para justificar su existencia: El mito de la Naturaleza. Cuantas veces he oído a hombres y mujeres decir : “Yo soy así por naturaleza y no puedo cambiar”. Como dice José Antonio Marina, la Naturaleza se ha convertido en el “gancho trascendental” , la excusa perfecta que utiliza el inmovilismo para no cambiar. Como el mismo autor dice “La especie humana lleva doscientos mil años saliendo de la selva de la Naturaleza e inventándose a sí misma” . Somos la única especie animal que ha sustituido parcialmente la selección natural por la selección cultural. Todo lo que el ser humano hace son inventos de su inteligencia creadora, aunque algunos de esos inventos nos lleven fastidiando miles de años, como el Poder. El Poder comienza con el invento humano de la propiedad privada. Cuando unos cuantos hombres descubren que atesorar bienes arrebatándoselos a otros es factible mediante el uso de la fuerza, les surgen dos complejos : El “complejo de la trascendencia” , el deseo de pervivir más allá de la muerte mediante la transmisión del linaje y los bienes a sus hijos, es decir, el sistema hereditario, y el “complejo de los cuernos” , el recelo hacia la infidelidad de la mujer y el temor a que sus hijos no sean suyos, sino del vecino. La propiedad privada genera las primeras relaciones de poder en forma de modo de producción patriarcal y como muy bien analizó Federico Engels en “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado”, las relaciones de poder patriarcales es “la primera manifestación de la lucha de clases”. La ideología que justifica el modo de producción patriarcal es la Cultura de Género, o dicho en lenguaje popular , el machismo. Según esta ideología, los hombres, por el hecho de serlo, son superiores a las mujeres y tienen derecho a dominarlas y controlarlas. Sin embargo, en la medida que el uso de la fuerza fue creando una élite de varones enriquecidos y poderosos, la inmensa mayoría de los hombres fueron cayendo en la trampa ideológica de creer que tenían poder por el mero hecho de poder dominar a sus mujeres. La realidad que se fue construyendo fue la de una sociedad divida en cuatro estamentos cuyos límites de actuación están definidos por las relaciones de poder que se generan cruzando la variable de género con la variable clasista. Así, tenemos: Esta es la cruda realidad: El veinte por ciento de los humanos utiliza la ideología de la Cultura de Género para que el ochenta por ciento de la población , hombres y mujeres, asuman que la explotación que están sufriendo está inscrito en la naturaleza de las cosas y no se puede cambiar. Durante los últimos cien años, el movimiento feminista nos ha aportado suficientes datos y pruebas acerca de la opresión de las mujeres y de su necesidad de superar la mística de la feminidad y luchar por ser iguales en derechos y deberes. Pero es ahora cuando se comienza a hablar de un movimiento de hombres por la igualdad que intentan superar la mística de la masculinidad y luchar por ser personas. Como dice Richard Haddad , “sostengo que los hombres no disfrutan de una vida privilegiada. Lejos de eso, una mirada a las vidas del término medio de los hombres es precisamente un espectáculo deprimente. ¿Qué clase de privilegio es ese que otorga a los hombres una vida diez años más corta que a las mujeres y una mayor incidencia de enfermedades, crímenes, alcoholismo y adicción a las drogas? ¿Qué clase de privilegio es ese que bendice a los hombres con una necesidad frecuentemente autodestructiva de conseguir el éxito? ¿Qué clase de privilegio es ese que honra a un hombre con la obligación de dedicar su vida a mantener a otros y muy a menudo haciendo un trabajo insatisfactorio?”. Y añado yo: En vez de privilegio, es la manipulación ideológica que hace que ese hombre asuma con agrado realizar un trabajo extenuante en la creencia de que mantiene a su familia y sin saber que está manteniendo también a la familia del poderoso. LA MASCULINIDAD COMO FACTOR DE RIESGO PARA LA SALUD La Cultura de Género también es nociva para la mayoría de los hombres y el conocimiento de este daño es el que nos debe motivar para el cambio. Quizás sea en el campo de la salud donde la perspectiva de género nos da un punto de vista más concreto y privilegiado para argumentar nuestra tesis. Como ya hemos citado anteriormente, las mujeres viven más que los hombres por término medio. Según José Angel Lozoya, en España las mujeres viven 6,2 años más que los hombres. En 2001, la esperanza de vida de los españoles , al nacer, fue de 76 años y de 82 para las españolas. Estas diferencias se deben a que las tasas de mortalidad de los hombres son superiores a las de las mujeres, porque también son distintas las causas de muerte para ambos: Las enfermedades asociadas a las diferencias genéticas no pueden explicar las Causas especificas de muerte en España.: En las últimas tres décadas, algunos colectivos de hombres comenzaron a cuestionarse su masculinidad y a reflexionar sobre las duras condiciones de la cultura de género. La primera alternativa al machismo tradicional surge en los Estados Unidos con el nombre de LA NUEVA MASCULINIDAD , movimiento que se desarrolla a partir de los escritos y las actividades desarrolladas por Robert Bly (Iron John ), auténtico gurú del mismo. La obra “Ser Hombre” (Editorial Kairós,1992) muestra una recopilación de textos que intentan reflejar las ideas fuerza de esta nueva masculinidad. En la mejor tradición de las minorías norteamericanas (black power, orgullo gay, etc.) esta alternativa se basa en la defensa del género masculino como hecho determinante y diferenciador del género femenino, en la autocrítica de las manifestaciones más brutales y primitivas del machismo masculino (violencia, dureza afectiva, dominio) y en el fomento de las cualidades masculinas positivas que alimentan el orgullo de ser hombre. El nuevo machismo edulcorado reniega de la brutalidad y la violencia, pero considera que el perfil del nuevo hombre está repleto de cualidades específicamente masculinas como el valor, la fuerza, la independencia, el sentido de la eficacia, el llevar al límite las propias capacidades, la creatividad, la fecundidad productiva, el ser generador, atento, protector y compasivo. Resulta evidente que si estas son cualidades masculinas, las mujeres serían el negativo del perfil, es decir, cobardes, débiles, dependientes, ineficaces, rutinarias, protegidas, etc. El movimiento se estructura en torno a rituales iniciáticos en los que se intentan recuperar al “viejo hombre natural” y se le da mucha importancia al consejo y guía de un anciano varón como maestro. Perciben a la mujer liberada como enemiga y critican al movimiento feminista por sus críticas generalizadas a los varones machistas. Así, Richard Haddad, en el libro citado dice “Estoy indignado por el cuerpo y el espíritu destrozado del buen hombre que se pasa la vida en una danza mortal, movida por compulsiones que no comprende, presa del miedo de no alcanzar el ideal masculino, abofeteado por las expectativas frecuentemente contradictorias de las mujeres cuya aprobación necesita desesperadamente” y en otro texto, define que “el movimiento de los hombres en el cual estoy involucrado no ha de tener nada que ver con el sinsentido de las mujeres oprimidas y victimizadas, ni responsabilidad ninguna ante la condición de la mujer, cualquiera que sea esa condición, ni nada que ver con la culpabilidad o el autodesprecio que se utiliza tradicionalmente para mantener a los hombres uncidos al trabajo”. Frente a esta nueva versión de la mística de la masculinidad, otros hombres hemos reflexionado sobre nuestra condición de género, hemos aprendido con humildad de las reflexiones feministas y planteamos que la Cultura de Género sigue manteniéndose como una superestructura ideológica para justificar la división clasista y las estructuras del Poder. Afirmamos que en este momento se dan ya las condiciones técnicas, culturales, económicas y políticas que hacen posible el desarrollo de los valores de libertad, igualdad y fraternidad de la Revolución Francesa y convierten en lastres obsoletos los roles y valores de género. No se puede hablar ya de características específicamente masculinas o femeninas que no hayan sido construídas culturalmente y las diferencias físicas heredadas filogenéticamente por nuestra condición de machos y hembras reproductores tienen cada vez menos importancia en el conjunto de nuestras vidas y están siendo modificadas por la creatividad de la inteligencia humana. La dignidad humana implica que actualmente varones y mujeres nacemos como sujetos iguales en derechos y deberes, podemos desarrollar las mismas capacidades y habilidades, realizar las misma tareas productivas y participar paritariamente en el desarrollo de la democracia económica, política y doméstica sin otras diferencias que las que provienen de nuestra individualidad. Las diferencias de género y clasistas que todavía existen se mantienen por el interés de los poderosos que no renuncian a seguir manipulándonos y explotándonos en función de su exclusivo beneficio. Otro mundo es posible, el eslogan difundido por el Movimiento por otra Globalización, tendrá que alumbrar una sociedad de personas, sin género ni clases sociales, es decir, sin Poder, para que la libertad, la igualdad y la fraternidad, sean realizables. Pero para que la especie humana llegue a construir esa sociedad de personas, cada una de nosotras debemos comenzar ya a cambiar nuestros comportamientos y actitudes, desde la inteligencia reflexiva, racional y afectiva que comience por bucear en quiénes somos, qué hacemos y cuales son nuestros objetivos humanizadores. El machismo perjudica gravemente nuestra salud, nuestro bienestar y nuestra felicidad. ¿Qué podemos hacer? 1ª. PROMOVER ROLES DE GENERO MÁS FLEXIBLES HASTA SU DESAPARICIÓN, INCORPORANDO PARA ELLO A LA EDUCACIÓN: 1-1. Disociar la masculinidad de la dureza, el honor, el control, el dominio, la agresión o la competitividad, (lo malo no es ser competente sino competitivo). 2ª. IMPLICAR A LOS HOMBRES EN LA CRIANZA DE LOS HIJOS E HIJAS, PORQUE CON ELLO: 2-1.Aprenden a cuidar y cuidarse, así como a ponerse en el lugar del otro para poder satisfacer sus necesidades. 3ª. GARANTIZAR UNA ATENCIÓN SANITARIA ADECUADA A LOS HOMBRES, YA QUE SU AUSENCIA NO ES AJENA AL ESTADO Y EVOLUCIÓN DE SU SALUD, PROMOVIENDO PROGRAMAS: 3-1.De educación afectivo-sexual desde la infancia (no de heterosexualización). 4.1.Vivir la experiencia gratificante de compartir, corresponsabilizarse y escuchar lo que tienen que decir la otra mitad de la especie humana. PARA TERMINAR, OS PROPONGO ESTE DECÁLOGO DE DERECHOS PARA SER TRATADO COMO PERSONA: 1. Exijo mi derecho a ser diferente al resto de los hombres y de las mujeres, pero igual a ellos y ellas en derechos y deberes.
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